El Chiflón del Diablo (MN).

 Una de las más antiguas minas de carbón de Lota, llamada así por las primeras generaciones de mineros  que trabajaron allí y además, por ser el nombre de uno de los cuentos más importantes que compone del libro “Sub-terra” escrito por Baldomero Lillo. En él se relata lo crudo y temerario que fue antiguamente el trabajo y como era la vida alrededor de esta mina de Carbón.

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Habilitado en 1857, en la costa lotina precisamente en el sector “El Morro”, antes del “Pique Carlos”, tuvo una producción considerable de carbón ya que diariamente se extraían más de 250 toneladas, trabajaron en ella más de 1.500 mineros en la época de mayor extracción. Esta se interna a 850 metros hasta posarse bajo el océano pacífico. Su singular ventilación hecha por medio de un chiflón  la hace una de las pocas minas ventiladas naturalmente.
Para acceder a la mina se debe ingresar por una de las dos entradas o chiflones, para luego bajar verticalmente por  una de las jaulas  que originalmente transportaron a los mineros. Una vez  bajo tierra, se realiza la caminata por todas las galerías que la componen.

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La visita a esta mina se realiza en compañía de antiguos mineros que trabajaron en estas  minas. Todos los visitantes deben utilizar los elementos de seguridad como  casco, cinturón minero y lámpara. Una vez dada la charla de seguridad se inicia la experiencia de caminar por el fondo de la tierra y el océano.

En este lugar se puede visitar además, las maquetas del antiguo Lota, utilizadas en la filmación de la película “Sub-terra”, Pabellones, casas habitación, pulpería y utensilios que recrean la vida minera de principios de siglo XX.

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“La galería del Chiflón del Diablo tenía una siniestra fama".

Abierta para dar salida al mineral de un filón recién descubierto, se había en un principio ejecutado los trabajos con el esmero requerido. Pero a medida que se ahondaba en la roca, ésta se tornaba porosa e inconsistente. Las filtraciones un tanto escasas al empezar habían ido en aumento, haciendo muy precaria la estabilidad de la techumbre que sólo se sostenía mediante sólidos revestimientos. Una vez terminada la obra, como la inmensa cantidad de maderas que había que emplear en los apuntalamientos aumentaba el costo del mineral de un modo considerable, se fue descuidando poco a poco esta parte esencialísima del trabajo. Se revestía siempre, sí, pero con flojedad, economizando todo lo que se podía” (Baldomero Lillo, Sub-Terra, cuento “El Chiflón del Diablo”)